No soy nada.

Nunca seré nada.

No puedo querer ser nada.

Aparte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo.
F. Pessoa

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viernes

Como en casa (nadie)

Carta que hace tiempo apareció en mi buzón; él estaba de viaje al pueblo de su madre & yo esperando que no muriera en el intento.
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J:

A las dos horas ya deseaba volver. El abuelo se empeña en que lo recordemos amargamente hasta su muerte. No terminé de comer, pero me tragué todo el sermón y su desprecio en la mesa viéndole los dedos amputados y chuecos. La abuela me defendió con maestría, como si hubiera escuchado lo que me dijiste al despedirnos. O tal vez no. Sólo el diablo lo sabe.
No tengo donde dormir. Mi madre ocupa la habitación que yo de niño. ¿Con ella? No podría.

Mañana me vuelvo, al amanecer zarpa un barco escuché en la platica de dos borrachos.

 

Cuanta falta me hacia decir esto, cuanta urgencia de callarlo en los botones de tus costillas.

Mat P.

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