No soy nada.

Nunca seré nada.

No puedo querer ser nada.

Aparte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo.
F. Pessoa

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domingo

J, K, B

Mis tías eran tres.  Jóvenes mujeres, aburridas de la vida de su pueblo, como la mayoría de las jóvenes mujeres de hace veinte años. La mayor tenía el cabello corto y chino, ojos sin gracia, boca sin gracia y una nariz por demás, graciosísima, grande y delicada.  Su nombre era Luisa. Seguía Karina, la mujer de ojos delgados y manos gruesas. Su carácter siempre menguaba con las fases de la luna. Su cuerpo se fue tornando grueso y tosco después de cumplir diecinueve; por lo que responsabilizaba a su novio de “verle mucho las nalgas”. La última, y siempre más delicada, mujer de cabello largo, entre rizado y esponjoso; de ojos grandes pero asemillados. Su voz siempre fue suave, fuerte, pero suave. Belinda llevaba en el nombre la virtud que poseían & desconocían en ellas las primeras dos.

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