Llevo aquí casi diez días, sin agua & sin una sombrita que haga escurrir la lluvia para otro lado. Cada que alguien menciona algún nombre, todos los que llegaron antes & después, voltean la cabeza & hacen como que les hablan a ellos. Yo ya perdí la esperanza. & perdí también el brazo & un ojo; eso de intentar escapar & saltar de mí misma fue mala idea, desde el principio lo supe. Diez días huelen a la mitad de mi vida -que tampoco es para tanto- pero sí considerablemente un dolor de cabeza. Sin comida, que poca falta hace, sin el tabaco que no aprendí a forjar en cilindricos alientos de espera. Esperar. Esperar & jugar a la ceguera mientras unos van & otros mueren. Decía que no tengo agua. No he visto con precisión dónde están las puertas. Solamente espero & me gusta sentir como mi cuerpo se tensa cuando me imagino saliendo, caminando algún pasillo de los que están alumbrados como para caminarlos & que te hagan una fotografía. No pierdo la esperanza de caminar con mis dos piernas completas, pero esas luces me hacen recordar que solo una me sirve correctamente & que solo uno de mis ojos ve los colores reales, el otro aún contempla el charco de sangre donde lo dejé. Se habrán olvidado ya de mi nombre. Seguro mañana me cuelgo. O salto de nuevo o intento salir, ya no me gustan las noches aquí. No sabe uno si está teniendo una pesadilla o si es tan viva la madrugada como tu cuerpo caminando a oscuras por escaleras & cuartos húmedos. Me he olvidado de mi nombre. Me he olvidado de mí aquí adentro. Me he olvidado de mí allá afuera.
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